La verdad es que el novio de mi amiga siempre me calentó. Me imaginaba chupándole la pija, o que me la metía despacito por el orto y enseguida se me ponía dura y me daban ganas de tocarme pensando en él. Cuando me saludaba pegaba su cuerpo contra el mío y yo me imaginaba como se ponía su pijita toda dura, hasta volverse un monstruo enorme. Siempre intentaba que mi cara no demostrara lo que en ese momento pasaba por mi mente, así es que quedaba totalmente vulnerable a sus cosquillas. Me gustaban mucho más de lo que molestaban, es la pura verdad.
Mi amiga se llama Flor y su novio Martiareno, salieron un montón de tiempo, y tuvieron una nenita. Ellos decían que estaban de novios pero yo sabía que ya eran todo un matrimonio.
Yo no quiero mentir, Martiareno nunca me dejó de calentar. No podía mirarlo sin estudiar minuciosamente su boca, me imaginaba besando sus labios. Tenía algo en la forma en que se movía que me hacía pensar que la tenía siempre parada. Él y su super poronga, fábrica de hijitos. Yo no quería hijos, no quería robarle el novio a mi amiga, decirle que lo amo, ni casarme con él. Solamente me calentaba, y me caía bien.
Flor y Martiareno un día se separaron, la verdad es que no me sorprendió, hacía años y años que salían pero las últimas veces que los había visto se la pasaban peleando, capaz es mejor, pensé. Flor de hecho se puso de novia rapidísimo. No me sorprendió.
Martiareno la seguía persiguiendo. La verdad es que a Flor siempre le había gustado tener a todos los hombres a su alrededor. Seguro le seguía gustando Martiareno pensé yo.
Flor empezó a trabajar cerca de casa, a veces paso, pero muy poco porque siempre me dio la impresión de que me entregaba todos sus problemas y apenas podía entender los míos. Es por esto que no pasaba mucho, la verdad.
Un día caminaba por la puerta del negocio y salió para saludarme. Iba un poco apurado porque siempre llego medio tarde a todos lados, pero nunca niego un “cómo estás” más si es para Flor, que aunque sienta que no me entiende, la verdad es que la quiero un montón.
Flor nunca está muy bien. Ese día estaba peor aunque su cara no coincidía con las cosas que me estaba contando. La mía tampoco, es que para no ponerla mal a ella tampoco me podía poner mal yo.
“Martiareno violaba a Sol” me contó, seguido de esas argumentaciones que suelen acompañar este tipo de declaraciones: que la llamaron del colegio porque hacía dibujos raros, que se empezó a hacer pis encima teniendo ya cinco años, que la internó en el hospital y le hicieron estudios que determinaron que estaba expuesta a "esta clase de casos". Que Sol no quiere hablar, que ahora no puede ver al padre, que se da cuenta de que le hizo algo que está mal, que le hablás del padre y llora y se hace pis.
La verdad es que me fui, le di un abrazo y me fui, sin poder decir nada, ¿qué le iba a decir?
Martiareno era un tipo copado, estaba convencido que me entendía más que Flor.
Me acuerdo del destello de sus ojos, y pienso que me caía bien, que me calentaba, que me parecía un tipo copado, que lo abracé, que me reí con él. Entonces se me ponen llorosos los ojos y no se qué decir, ni qué hacer.