jueves, 22 de octubre de 2009

Dique.

Santiago abrió los ojos, sintió que se había quedado dormido. Se levantó, caminó hacia la heladera, la abrió y vio que estaba llena de sangre. Santiago no se sorprendió, siempre hay sangre en los cuentos que escribe y no le gustan, agarró el casancrem, no porque tuviera hambre, sino porque ya que había abierto la heladera sacaba algo. La gente hace cosas sin sentido todo el tiempo pero parece que en los relatos si los personajes hacen algo tiene que haber una razón para que lo haya hecho. Sacó el casancrem, limpió la sangre del frasco (esto es un cuento no un sueño, si las cosas estaban manchadas de sangre van a seguir estándolo, por lo menos hasta que alguien lo lave).
Sintió la necesidad de hablar con alguien, no porque tenga nada para decir, sino para comprobar que existía, como si la respuesta del otro comprobara su verdadera existencia.
En su casa no había nadie, Santiago ya lo sabía pero igual la recorrió.
Después salió a caminar, con ganas de cruzarse a alguien pero no de tocar ningún timbre, porque no tenía una verdadera razón para visitar a nadie.
Vio pasar personas que no conocía, vió una cara conocida, de esas que había visto mil veces y miró fijo, pero después la cara se escondió atrás de una espalda y un montón de pelo y Santiago no pudo decir nada.
Por fin surgió algún tipo de motivación: tenía ganas de volver. Y lo hizo.
Caminó más rápido. Abrió la puerta de su casa, la recorrió, no había nadie.
Abrió la puerta de la heladera esperando encontrarla tal cual la había dejado. Estaba limpia.
Como el día todavía estaba claro, Santiago abrió un libro y se sentó en el sillón. Puso los ojos sobre las palabras, pero no leyó.

3 comentarios:

Carito dijo...

una vez alguien le preguntó: ¿ y por qué la sangre es verde?, y él, que no había reparado en eso, alisó el mantel y la servilleta, hizo el gesto de la mantis religiosa, se acomodó los anteojos y lo miró firmemente:

Chap! dijo...

Me encantó mucho. ;)

Un tal Patricio dijo...

"...Sin sentido tampoco, Patricio abrió la ventana para publicar un comentario. (...) No había mucho para decir salvo que si lo abría, algún comentario se tenía que dejar..."


jajajajajaj


Uno de los más lindos textos que habré leído de tu puño y letra.
Qué gusto!