martes, 6 de julio de 2010

La famosa pregunta del placard.

I.
Hace alrededor de un mes llegó finalmente la pregunta, pero no como la esperaba. Tres meses atrás empezó mi primera experiencia como docente haciendo una suplencia en un colegio privado de clase media, donde esperaba encontrar las condiciones más propicias para el trabajo. Evidentemente no fue así, las condiciones más propicias para el trabajo jamás se crean solas. El aula lo único que reproduce por sí misma es su estructura, y la verdad, tener treinta pares de ojos haciendo que me miran más treinta pares de orejas haciendo que me escuchan no me causaba ningún entusiasmo. Por eso intento llevar siempre propuestas que incentivaran de algún modo el diálogo. Me hubiese gustado incorporar dinámicas de caldeamiento del cuerpo como en una clase de teatro, pero una actividad de ese estilo seguida de una discusión sobre un texto no iba a despertar, lógicamente, más que quejas.
Me hubiese gustado proponer formas más activas, en cuanto al cuerpo, para trabajar con la literatura, no lo había aclarado antes porque, creo, que ya lo naturalicé, soy profe de lengua. El tema es que muchas alternativas no encontré, más que la teatralización, hacia donde, si los chicos se copan, llegaré sin lugar a dudas, un punto intermedio no encontré.
Mis clases terminan siendo básicamente discusión de lecturas, muchas veces cuentos. Algunas veces tengo miedo de que la propuesta se vuelva monótona, por eso intento abarcar los textos desde distintos lugares para hacerlos dialogar de distintas formas, a veces generando analogías con anécdotas personales, con historias que se acuerden. Otras intentando un análisis más desde lo lingüístico intentando dar la idea de que las palabras son altamente significativas, que no es tan verdad eso que dice Humpty Dumpy de que las palabras significan lo que yo quiero que signifiquen.
Siempre termino defendiendo alguna postura política, de hecho es para eso que estoy ahí. Qué mejor lugar para repensar el mundo que la escuela. Qué espacio más político , donde se forman los ciudadanos, o por lo menos una gran parte de ellos. Definitivamente es esta la razón por la que elijo este espacio, para generar una pequeña acción, un pequeño cambio en un gran engranaje, que nos permita darnos cuenta de algo, quizás muy simple, que nos constituya como sujetos más capaces, más críticos.
Entre el murmullo que se genera cuando nos acomodamos para irnos surgió la pregunta, desde un rincón, Irina me preguntó "Profe, ¿tenés novia?".
La verdad es que siempre había pensado que la pregunta iba a ser otra: "¿Profe usted es gay?"; "¿Profesor usted es homosexual?"; "¿Está en pareja con un hombre?", no sé, cualquier cosa. Al final resultó que me preguntó por una novia.
Estaba preparado para que me pregunten si soy o no soy gay. Ya tenía preparado un discurso acerca de qué significaba el discurso del clóset como imposición heterosexual y de la violencia que significa sacar del clóset a las personas. Esperaba ese momento de acción para no quedarme como el profesor de "Entre los Muros" mudo, metiéndome en el armario y abandonando a todos y a todas las personas que estaban afuera, o que querían estarlo. Es que tengo un compromiso como maestro, como militante de cuestiones de género y como persona con todos ellos.
La pregunta, sin embargo, me propuso otro panorama. Tenía ahí ante mí la posibilidad de construir un placarcito, como ese en el que te encerrás cada vez que te subís al taxi y el tachero te empieza a hablar de minitas convencido de que tengo que estar muy interesado en ellas. En ese momento definitivamente hubiese sido más fácil dialogar con la lógica del closet con una violencia mucho más concreta como es una intimación a que alguien defina su identidad sexual. Sin embargo la misma lógica que dice que todos somos heterosexuales hasta que confesemos lo contrario es también sumamente violenta porque deja afuera del discurso a un montón de formas de estar en pareja.
En ésto estaba pensando cuando le respondí a Irina que no, que no tenía novia, mientras todos ya salían para el patio.
Después llamé por teléfono a Agustina, que está de novia hace como cinco años con Nicolás, le conté todo esto y me dijo "y a mí me preguntan todo los años si me gustan las chicas".



II.
Ya pasó un mes de ese momento, el debate que pensaba que en algún momento se iba a generar en relación al tema del clóset no llegaba. Así que decidí dar un golpe de timón hacia esas aguas en las que creo que está bueno navegar.
Explicar la dialéctica del clóset como una opresión ejercida sobre gays y lesbianas no iba a resultar tan productivo, por ser más bien un recorte. Las chicas y los chicos dialogan constantemente con qué deben o no deben hacer de acuerdo a su deber ser como hombres y como mujeres. Con eso me interesaba dialogar.
Tuve que admitirme a mí mismo que la idea de refutar la pregunta sobre una orientación sexual desarrollando el funcionamiento de la dinámica del clóset no era más que la elaboración de un discurso políticamente correcto que me permitiría salir airoso de una situación violenta. Si quería trabajar concretamente cuestiones de género no tenía porqué esperar a que la violencia se vuelva tangible en el aula para empezar a desarrollar esos conceptos. Como si no los considerara lo suficientemente sustanciales para incluirlos como eje de alguna de las clases.
Es así que busqué algún texto que introdujera la temática. Podría haber elegido cualquiera, pensé en llevar "El afeminadito" un relato que publicó Bazán en Perfil hace un par de años y tuvo bastante circulación, me interesaba particularmente discutir masculinidades, distintas formas de ser varón. Finalmente decidí llevar un artículo de Marta Dillon sobre Ian Brettes, un chico trans. Ese texto que muestra claramente las dificultades de portar una masculinidad alternativa.
La dinámica de la clase fue similar a la de la mayoría de las clases. Sin alterar prácticamente en nada la metodología que venía proponiendo, reflexionamos sobre el género crónica periodística, sobre la violencia, sobre lo que significa ser varón, vimos las distintas formas que tiene el cuerpo de comunicar. Como el resto de las clases no hicimos más (y nada menos) que proponer distintas formas de leer el mundo.
Empezar a hablar de cuestiones relacionadas a la temática de género resultó ser mucho más sencillo de lo que pensaba.
Creo fundamental que como profesores llevemos estos debates al aula. La violencia de género es constante y se produce a niveles muy distintos, desde pequeños comentarios de lo que un niño o una niña debe o no debe hacer (usar el pelo corto o largo, usar o no no aros y pulseras, mover de una determinada forma las manos, dar un abrazo, llorar) hasta maltratos, agresiones físicas y asesinatos que no son otra cosa que la misma dinámica potenciada por distintas circunstancias.
Espero que mi experiencia no sea un caso aislado y que muchos y muchas podamos llevar estas discusiones al aula, que sí que vale la pena.

12 comentarios:

Blue Bird dijo...

Lo primero que se me viene a la mente es cuanto me hubiera gustado tener un profesor como vos. Hoy veo a muchos de mis compañeros de la secundaria, que dejamos hace sólo 2 años, sin una forma crítica de enfrentar al mundo. No solo me aterra escuchar sus comentarios fascistas, lo que más angustia me provoca es que no tengan una estructura sólida para sostener sus ideas y que no estén abiertos al diálogo o a aceptar la diversidad.
Estoy cansado ya de escuchar que la democracia es un fracaso, que los militares hicieron lo que debían al combatir el terrorismo y que los gays son enfermos a quienes debemos mirar con amor cristiano.

Y todo esto porque jamás nos enseñaron a pensar.

Es de un gran valor lo que estás haciendo, gracias por compartirlo con nosotros.
Te mando un abrazo y estaré atento a las actualizaciones ! (:

Blue Bird dijo...

Jaja y que interesante ser el dueño de una nube ! todo un lujo- :-)

Julián dijo...

Uy, había escrito un toco y se borró todo jaja. Bueno, te decía que estoy considerando cambiarme a Letras y tu texto me incentiva a hacerlo aún más. Los profesores, sobre todo los de materias cuya base es el diálogo (literatura, antropología, filosofía, etc), pueden influir mucho a sus alumnos, tal como algunos hicieron conmigo. Me enseñaron, además de lo curricular y lo que estaba en el programa, a discutir, a fundamentar, a analizar, a ser más abierto, y les debo mucho por ello. Me gusta tu postura y espero te complete tu elección como profesor :) yo veré qué hago de mi vida jaja. Suerte !

pasajera intranquila dijo...

( nota mental : charlemos sobre esto que escribiste ! )

te amo.

Martín Felipe Castagnet dijo...

te quedó muy bien el escrito
la sinceridad sobre todo
especialmente en esa parte donde decis que te habias preparado una rta y la pregunta que recibiste fue distinta a la esperada

y mas aun en esas respuestas que pueden ser complicadas donde enseñamos. pero pienso que tenemos que actuar como si respetaran los principios de los derechos humanos en todos lados. sino nos volveriamos locos y no podriamos enseñar acorde a estos principios.

la frase de nietzche pudo haber sido "no hay hechos, solo interpretaciones". creo que ya podemos citar a friedrich sin miedo.

abrazo grande, nos cruzamos en la semana

Santos dijo...

Primera entrada y me encuentro con una linda pieza de autobiografía. ¡¿Por qué será que los ámbitos escolares se prestan tan fácilmente a reflexiones críticas sobre el heterosexismo...?!
Acerca del placard/closet/ropero, y más allá de sus multiplicidades y especificidades, se me ocurrió pensar: ¿qué pasa cuando la "salida" está dada por una necesidad íntima de desahogo o una necesidad de presentación personal frente a lxs otrxs, o como un modo ya sea de "sinceramiento", de irrupción micropolítica o de conmoción deliberada? ¿Y qué pasa, por el contrario, cuando esa “salida” se da en otra modalidad: apurada, exigida, reclamada por otrx que nos interpela, nos rodea con su inquisición morbosa y/o violenta y/o enjuiciadora? Ahí, apareceríamos ubicados en lugares completamente distintos. En el primer caso, como personas que asumimos explícitamente el lugar político (lo personal es político es la consigna) de nuestra experiencia. En el segundo caso, como meros objetos de indagación por parte de una instancia que asume que podemos y/o debemos decir la “verdad” acerca de nosotrxs mismxs. Aunque (para bajar el tono crítico) puede también tratarse de mera curiosidad “inocente”, pero en este caso habría que ubicarla en la trama de sentidos que define a la heterosexualidad como el supuesto de partida y a los "desvíos" como secretos a revelar o murmurar... En fin... Basta por ahora ¡Ya me puse muy teórico...!
Besos desde Quilmes...

Edgardo G. dijo...

¡Gracias! :)

Pili dijo...

Me encantó la idea de trabajar el tema de genero con los chicos y las chicas, porque si hay un ugar donde es importantísimo dar oportunidades de pensar y reflexionar a las nuevas generaciones, y más desde una perspectiva super libre como la tuya, es en la escuela, lugar privilegiado por lo peor de la sociedad para re-producir modelos opresores, y en este caso, de-construir con los y las alumnas. Habria que pensar, tomando como punto de partida tus muy buenas ideas sobre como trabajar este tema con los y las alumnas, que otras formas habría de pensarlo, alejándonos de los contenidos y formas tradicionales de enseñar en la escuela, y pensar de que otros modos podemos poner la tematica sin tener que volver a las conjugaciones de los verbos. Entrar al texto del cuerpo. Recuerdo un cuento de felisberto (el caballo perdido creo… era un cuento muy bueno de recuerdos de una maestra, y estab ahí todo el cuestionamiento acerca de cómo leemos la realidad, y realidad/arte… o algo ai, vos sabras mejor que yo…). Yo particularmente(y esto que quede entre nosotros…) creo que la escuela,(y la pedagogía) desde su mismísimo origen contribuyo a construir un orden de lo menos justo, y que para romper con eso, habría que romper en gran parte con (por lo menos el formato de) la escuela. Pero por otra parte, es un lugar valiosísimo(sobre todo para los que no acceden-via estigma- a –la “cultura” a través de- ella) para crear posibilidades como las que planteas en tu relato… por mi, desde el teatro, la literatura(me encanta tu blog!!!), o la docencia, adelante santi!!!!! besotes!!!

Sergio dijo...

Recién descubro tu blog! También hace poco empecé en la docencia y la verdad que tengo éstos interrogantes sobre cual es el límite al que uno puede llegar a hablar con los alumnos sobre temática LGBT.
En mi caso, mi área creo que no lo lleva al aula desde la materia, sino mas bien desde lo personal.
Mi anécdota ha sido que llevo en mis manos la alianza de casamiento de mi mama y nunca falta algún curioso o alguna curiosa que me pregunta si soy casado.

De hecho estoy comprometido con mi chico pero no he tocado el tema.

Muy lindo tu blog, luego lo voy a seguir leyendo!

santi dijo...

Primero que todo: Muchas muchas gracias por los comentarios. Me gusta que quienes pasen tengan después ganas de escribir algo, así los textos se pueden pensar como el principio y no como un fin. La verdad es que a la hora de escribir pienso estos productos como disparadores, pero de pensarlos como disparadores a que funcionen como tales hay todo un trayecto al cual no siempre creo alcanzar.

Recién releí los comentarios y entendí un poco porqué no los había respondido antes, pasa que la verdad no me generan controversias, ni ganas de decir mucho más que "gracias".
Podría haber contado antes que la verdad que esta no es una experiencia real sino un hecho ficcional creado a partir de una propuesta de la cátedra de Fundamentos de la Educación de la UNLP, materia que cursé el cuatrimestre pasado. La propuesta era escribir un par de carillas (creo que cuatro) pensándonos como profesores. Me gustó la idea de aprovechar el espacio para plantear desde la ficción alguna postura en cuándo a la importancia de trabajar cuestiones de género en relación al proceso educativo, con elementos que surgieron en la cursada, en la que vimos la peli Entre los Muros por ejemplo.
La idea de darles nombres a los alumnos es para pensar a los educandos como sujetos y no como un todo.

Pili, el cuento del caballo de Felisberto no lo leí, ya lo leeré porque ese uruguayo me cae bien :)
El tema de la escuela como reproductora de desigualdades es bastante grande, no se si puedo dar algún tipo de opinión con la que esté yo mismo de acuerdo. Pero si, comparto totalmente la idea. De todas formas me gusta a la hora de pensarme como profesor intentar focalizarme en las herramientas transformadoras, siendo consciente de lo fuertemente reproductor que me volvería ocupando ese espacio.

Espero animarme pronto a ponerme en campaña para tener algún curso. Mientras tanto estudiaré.

besos!!!

An dijo...

Qué bueno qué bueno.

Muy de acuerdo con su modo de proceder, muchacho, aunque sea una ficción.

No creo que sea fácil pararse frente a una clase y tratar de conectar con esas personas que viven en un mundo tan distinto al nuestro, pero me da la sensación de que con honestidad como la suya es más fácil entrar.

Aun así, julepe me da la hora de zambullirme en una clase. Pero me dejó imaginándome cómo podría abordarlo desde la educación musical.

Gracias :)

santi dijo...

Lo que pasa es que pararse adelante de una clase significa también exponerse frente a un grupo de gente, con todo lo que vos sos. Es un lugar difícil desde ese punto, pero por otro lado es un lugar de poder. Estar del lado del docente es un lugar de poder, está bueno no pensarlo desde esa perspectiva, me parece, porque el poder es choto, pero es una característica del oficio como para tener en cuenta.

La verdad de la milanesa llegará, lógicamente, con la experiencia.

Gracias por pasar Amiga Ana!!
beso!