domingo, 10 de abril de 2011

Me levanté con el ruido de la calle. Mucha gente, taxis, micros. Seguro se me había hecho tarde. Ya estaba amenazado, si seguía así me iban a echar.
Miré la hora en el boleto del colectivo, tampoco era tan tarde y el supervisor era José, seguro la iba a dejar pasar.
Llegué al super, me di una ducha, me puse el uniforme y quedé listo para dar comienzo a mi jornada laboral.
Cuando salí había parado de llover. Con los chicos íbamos todos los jueves a correr, pero ese no tenía ganas. Una lástima porque justo pasó mi hermana por el parque, para que cenemos juntos. Me hubiera hecho muy bien verla, abrazarla y charlar con ella.
Desencontrado con Ana me dieron ganas de ir al cine a ver una película. Me clavé con una historia muy triste. Podría haber llorado un montón, pero no lo hice. Canjeé el ticket de comida en el comedor que queda cerca del cine, no es de los que tienen más variedad pero la ensalada que quería comer la tienen en todos lados. Cuando me dio sueño me dormí, por suerte hacía calor.
Los chicos me invitaron al bar del techo bajito que está a tres cuadras del supermercado. Nos quedamos hasta tarde. Ahí conocí a Lucio que trabaja en lo de Imanol pero ese día tenía franco. Tomar alcohol me hace bastante mal, al otro día siempre me duele la cabeza y no puedo acordarme de nada. Ese día aproveché los quince minutos de descanso para darme una ducha rápida. Cuando salí busqué a Ana pero no la encontré. Siempre pasa cuando cambia de trabajo. Soñé con Lucio. Lo besaba. Estábamos en una habitación cerrada, con luz pero sin ventanas. Me desperté mojado. Había empezado a llover.
No llegué tarde al trabajo, por suerte. El resto de los empleados dormían amontonados en el comedor de atrás. Así siempre llegaban temprano y elegían para ellos los mejores uniformes.
El supervisor me vio y me dijo que quería hablar conmigo en privado. Seguro me felicitaba por haber llegado temprano. Me dijo que el supermercado había tomado una resolución y necesitaban que firme mi telegrama de despido.
Corrí a buscar a Lucio a los palacios de Imanol, esperé tres días a que salga, casi ni dormí. Cuando se abrieron las puertas y apareció nos besamos, como en el sueño. Le conté que había ido a buscarlo, que podíamos irnos juntos, escaparnos. Me respondió que mejor no.

4 comentarios:

Chap dijo...

Les amours imaginaires...

santi dijo...

Ayer cuando lo releí y vi que había gente durmiendo en un supermercado pensé en Un Año para Recordar. Hoy cuando lo copié acá me hizo acordar a la historia de la peli. Igual ésto lo escribí en el verano.
Evidentemente no es una historia muy original. También es verdad que hay historias que se cuentan todo el tiempo.

Rodrigo dijo...

El último párrafo me identifica. Pero si hay algo positivo en todo esto es lo que escribí en uno de mis textos... nos hacemos más de hierro. Y ya sabés cómo es, el más fuerte es quien resiste más. Y algún día nos tocará ser Lucio. Y no espero ese momento para "vengarme". Al contrario.

santi dijo...

Muchas muchas veces somos Lucio. El problema es ser Lucio todo el tiempo.