domingo, 18 de diciembre de 2011

Una cajita en un cuarto cerrado, en una montaña rodeada de una espesa selva. Cerca, una playa ventosa casi sin gente. En la cajita un trozo de papel. El papel tiene escrito tu nombre, pero no lo llego a leer.

5 comentarios:

FeroH dijo...

Cuando abras la caja,
haya lo que haya,
vacío encontrarás.

Un mundo de fantasmas no vale lo que un grano de arena en la mano.
Amén, qué delicia se desliza en tu boca cada vez que pronuncias ese nombre que yace oculto en una cajita, en un cuarto, redeado de una espesa selva al lado de una ventosa playa ! ! Qué delicia ! !

FeroH dijo...

y qué nefasta y constitutiva necesidad ! !

Mariela Betania dijo...

A veces, en el trecho de huerta que va desde el hogar...

A veces, en el trecho de huerta que va desde el hogar
a la alcoba, se me aparecían los ángeles.
Alguno, quedaba allí de pie, en el aire, como un gallo
blanco -oh, su alarido-, como una llamarada de azucenas
blancas como la nieve o color rosa.
A veces, por los senderos de la huerta, algún ángel me
seguía casi rozándome; su sonrisa y su traje, cotidianos;
se parecía a algún pariente, a algún vecino (pero, aquel
plumaje gris, siniestro, cayéndole por la espalda
hasta los suelos...). Otros eran como mariposas negras
pintadas a la lámpara, a los techos, hasta que un día
se daban vuelta y les ardía el envés del ala, el pelo,
un número increíble.
Otros eran diminutos como moscas y violetas e iban
todo el día de aquí para allá y ésos no nos infundían miedo,
hasta les dejábamos un vasito de miel en el altar.

De "Historial de las violetas" 1965
Marosa de Giorgio

no es lo que parece dijo...

Qué lindo ;)

Lilen dijo...

:)